Conferencia dada por el Dr en Teología Carlos Schickendantz en el Colegio Argentino del Sagrado Corazón, en Santiago de Chile, el 30 de Setiembre del 2004
La palabra carisma es un palabra muy antigua y aunque no aparezca tantas veces en la Biblia, aparece pocas veces pero en lugares claves. Proviene en su raíz de la lengua griega de la misma palabra que Gracia, una palabra muy rica, muy repetida aparece más veces de 150 veces en el NT. Pera la palabra carisma subraya algo particular, algo personal, ya no genérico.
Les recuerdo dos textos de la Biblia que pueden enmarcar las reflexiones que voy a hacer. Uno tomado de la carta de Pedro. Dice "cada uno ponga al servicio de los demás el don, el carisma que recibió como buenos administradores de la múltiple gracia de Dios” y otro texto de Pablo de la Carta a los Corintios "a cada uno se le otorga la manifestación del espíritu para el bien común, para el provecho de todos, para la construcción de la comunidad”.
Lo que quiero mostrarles en esta reflexión hoy es que, estas ideas antiguas tienen hoy muchísima actualidad (…) Les voy a proponer cuatro puntos en relación al carisma. Evidentemente la idea de un carisma, es decir un don que se da a cada uno, está inmediatamente subrayando la importancia de la persona, la unicidad de la persona, el hecho que cada hombre cada mujer son portadores de una idea única de una palabra única, si yo callo hay una palabra que Dios ha pensado para la historia que no será pronunciada y por eso, todos tienen que hablar, todos tienen que poder decir.
El primer punto que quiero detenerme: el carisma está en la base de la identidad, ¿Cómo se construye la identidad de cada persona? De una manera relacional, nada existe previo a una relación, más aún, existo gracias a una relación, a que antes de mi existe otro que me ha deseado, que me ha querido… Quizás mis padres, quizás mis parientes, quizás mi sociedad, finalmente Dios. (…) Hablar de un carisma es hablar del punto más intimo de mi identidad. Aquello donde más hondamente soy yo mismo, porque es el punto último de mi profundidad desde Dios, por eso es tan clave que una persona discierna a través de los procesos de su propia vida la idea que Dios tiene de él, porque esa es la base de ser en si mismo; soy una idea de Dios para la historia. Si yo callo le faltará una voz a la música de la historia. Cada hombre, cada mujer, cada biografía, nadie sobra, no somos objetos.
Precisamente el carisma es la fuente única de nuestra dignidad y es muy importante que cada uno de nosotros adquiera conciencia de sí mismo.
Observen ustedes el evangelio. Jesús en diálogo con Pilatos: “para esto he nacido”, para esto he venido al mundo, sabe quién es, sabe de dónde viene, sabe con quien vive, sabe a dónde va. Tiene conciencia de si mismo. La identidad se descubre narrando la propia historia, debo contar mi historia para formular mi identidad (…) Si perdieran ahora la memoria no sabrían la dirección de sus casas, de dónde vinieron y por tanto no sabrían a dónde ir, un hombre, una mujer con amnesia, no tiene identidad y por lo tanto al no tener historia, no tiene futuro. Por eso un Colegio que quiere refrescar su identidad, tiene que narrar su historia, contarla y en ese cuento de la propia biografía se descubre el propio carisma y más aún la propia identidad, más aún la idea eterna que yo debo realizar en el tiempo(…) Cada uno debe contar su historia para descubrir su identidad, así su carisma, la idea que solo él representa en la historia estará presente. Llevo una bandera, tengo una palabra en el alma que si no la digo no se pronunciará en la historia. (…) Por eso fijémonos que. lugar clave la escuela, es un lugar de procesos de subjetivación, procesos de identificación, procesos de personalización, Dios quiera que esta escuela ofrezca el contexto para que cada persona escriba lo que solo ella puede hacer, su propia historia y escribiéndola aprenda a narrarla y así sepa quién es. No hay pregunta más importante en la vida: ¿Quién soy? Cuando encuentre la respuesta debo dar la vida por esa idea, así piensan los fanáticos, así piensan los mártires. Cuando encuentre mi carisma debo dar la vida por él. Ese será mi amor a Dios y mi amor a los demás, tengo que serlo que debo ser…
Una segunda reflexión (…) así como hemos afirmado radicalmente la identidad a partir de otros hay que afirmar radicalmente la alteridad del otro. Tenemos metido hasta en las raíces, someter al otro a nuestros criterios, y es uno de los puntos clave de la educación, a firmar la alteridad del otro. Y esto es tremendamente importante en una sociedad que frecuentemente nos reduce a objetos. Fácilmente objetivamos a las personas, las encasillamos, las definimos, las limitamos, las poseemos. Debemos una y otra vez abrirnos a la alteridad, al otro y eso precisamente fundamenta el carisma, en yo tengo una palabra original, soy una idea genial en las manos de Dios, pero hay otras ideas geniales, distintas a la mía y debo combatir cotidianamente la tendencia a someter a los demás a mi propia mismidad, a definir a los otros como si yo fuera el modelo original. Yo soy el otro a partir del cual los demás son definidos y considerados. Se trata de educar una admiración por lo humano (…)
El tercer punto que les propongo: el carisma implica una responsabilidad para el otro, a cada uno se le concede el espíritu para el provecho de la comunidad. La dimensión social es constitutiva del carisma, por eso la gran pregunta de la Biblia: ¿Qué hiciste con tu hermano? Esa es la pregunta de la vida y todo lo que tú eres, todas tus ideas, toda tu educación, todas tus capacidades son para hacer algo con tu hermano. Por eso estamos precisamente en un lugar, de educación, de socialización, más aún de politización. Las escuelas tienen que ser ambientes de politización, no de partidos políticos, sino de responsabilidad, éste es mi mundo y los problemas de mi mundo son mis problemas. Si alguien es pobre yo soy rico, si alguien llora yo no puedo ser feliz como si la historia no tuviera sufrimiento. El carisma se da para la construcción de una comunidad. Si nos fijamos en los fundadores, esta idea está muy presente, el carisma es siempre un ejercicio de la responsabilidad social, se funda una institución para servir a otros. Ningún fundador se repliega sobre si mismo; por eso toma conciencia de sí, emprende una tarea que necesita nuevos fundadores para continuar.
Finalmente el carisma es una respuesta al complejo mundo del sufrimiento humano (…) Este es el tema fundamental de la vida humana, aquí se decide el hombre y la mujer de hoy. Al final de la vida te preguntarán ¿Has llorado con los que lloran? ¿Te ha golpeado el sufrimiento ajeno? ¿Te ha herido, te ha hecho daño, has llorado con los que lloran? Debemos educar nuestra sensibilidad para responder al tema más importante, más escandaloso, más injusto, el dolor de un hombre y de una mujer, lo más misteriosos; frecuentemente lo más cotidiano.
El carisma, la vocación personal, es la respuesta de Dios al mundo del dolor y por eso tenemos que preguntarnos en nuestra forma de vida; ¿Cómo se concreta nuestra respuesta al sufrimiento de los demás? Existimos para atenuar el sufrimiento y esta idea esta en los fundadores, frecuentemente en la iniciativa que toman. Por algo en el evangelio de Lucas cuando se habla de amor al prójimo se utiliza inmediatamente para describir la parábola del buen samaritano. Y allí se muestra dos cosas: compasión y ayuda eficaz. Un corazón que vibra con el sufrimiento de los otros, un corazón que se afecta por el dolor de los demás y que intenta dar una ayuda eficaz. Por eso en nuestros colegios tenemos que educar la sensibilidad frente al dolor humano y educar la memoria de las victimas de la historia. El sufrimiento humano no puede ser olvidado, debe ser recordado, tenemos una responsabilidad frente a las generaciones anteriores, frente a la generación que es la nuestra.



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